La bandera real

Menuda la que se ha montado con la chorrada de la bandera cuando todo el mundo sabía que de libertad de expresión leches, que se trataba de agredir a la España constitucional de la que cada día somos menos los defensores. La libertad les importa un comino y ahora es la bandera y mañana cualquier otra cosa que se inventen. Por cierto, que yo creo que la bandera está mal elegida y que deberían haber puesto a la calavera con las dos tibias cruzadas en fondo negro.

Las ideas que dicen defender son el simple latrocinio y, si hace falta violencia, ya se añadirá  como hicieron con Bultó y Jimenez Lossantos. Por eso la bandera debería ser la de los bucaneros……………….y a seguir trincando.

Lo dicho no guarda total relación con la polémica. El fallo judicial estaba cantado y la finalidad de haberse metido en el charco es algo misteriosa.

Otra cosa, Margarita sigue a lo suyo, el privilegio como obsesión. Ahora va y proclama que todo lo de su puesto es una venganza por sus críticas ácidas al Consejo. Pero bueno !!! qué se habrá creído!!! Una Magistrada no puede tener como actitud criticar a los órganos administrativos más aún cuando caen en su órbita jurisdiccional. Se conoce que el día que le tocó en clase al lección de la imparcialidad judicial estaba pendiente de las judías en remojo o de cualquier otro tema de trascendencia similar.

Las críticas ácidas están en estrecha relación con darle a la manivela de la puerta giratoria….y que no pare. Su idea de la libertad de expresión es al misma que la que tienen los de la banderita. Todavía no he conocido a ningún juez de derechas que haya utilizado la mencionada libertad en la autopromoción profesional.

Por último ya ha empezado la campaña electoral y los socialistas, los únicos que se la toman en serio, han reproducido al milímetro la de Felipe del 82. Cambio, muchísimo cambio sin decirle a nadie en qué consiste la palabra taumatúrgica. Agotada la corrupción,  sólo existe el cambio. No quiere decir absolutamente nada, todo lo que hagan será cambio porque lo dirán ellos. Quién le iba a decir al torpón de Zapatero que volvería en volandas junto al siniestro Rubalcaba, autor de una de las mayores vilezas de la historia contemporánea, sirviéndose de trescientos muertos y con el récord mundial de mentiras. En su epitafio, que deseo se retrase mucho, podría escribirse “No dijo la verdad en su puñetera vida”

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