El Código Penal a la carta

Una de las cosas más sorprendentes que nos sucede es la relativización absoluta del propio Código Penal. La pléyade ésta que nos invade ha inventado algo mágico, a saber, que exigir la aplicación del Código es cosa de ricos y que por ello su muchachada pasa de tonterías.

En primer lugar, no hay delitos si la intención es buena. Se puede machacar a un heladero si es por el bien de la clase obrera, Bódalo dixit. A mí el otro Bodalo nunca me gustó como actor, salvo quizás  aquella obra de Doce Hombres sin Piedad, pero éste es para llamar a los bomberos. La pinta del individuo y, lo que es peor, los hechos que comete, ya suponen un prejuicio absolutamente acertado.

Establecido ya que los tipos penales dependen de la voluntad del infractor, a las penas les pasa prácticamente lo mismo. Si recaen contra individuos de la “gente” todas son desproporcionadas porque lo que correspondía no era una pena sino un premio. Que se lo pregunten en caso contrario a la alcaldesa gagá, a quien además no le duelen prendas en opinar sobre todas las sentencias de actualidad, como si su antiguo cargo le diera un plus de legitimidad. Pues bien, sus opiniones carecen de fundamento en la misma medida en que carecían sus resoluciones.

Éramos pocos y parió la abuela. Ahora resulta que si ganan los malos la ministro de Justicia será la Rosell. Qué habremos hecho para merecernos este castigo divino. Como jueza puede decirse lo mismo de ella que de la otra, pero ésta es, cómo diríamos, más bronquista, o sea chuleta en plan macarrilla. Su especialidad son los guardias civiles de los aeropuertos y el adagio tan español de “no sabe Vd. con quién está hablando” y todo para evitar enseñar el DNI.

La señora desconoce, entre otras muchas cosas, que una diputada de una lista cerrada manda tanto como una cucaracha en una alcantarilla. Menos mal que ante tanto político mediocre la Guardia Civil está más que entrenada y ni siquiera se perturban, más aún cuando son del lugar y por tanto sobradamente conocidos.

Volvamos al fútbol, que si no me cabreo. Mañana es el gran día para que Zidane, por una vía o por otra, siga diciendo chorradas y oiga los aplausos de Florentino. Esto no tiene arreglo hasta que a los forofos se les hinchen las narices de abajo y se larguen, para que recapacite hasta Butragueño, que ya es racapacitar.

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