El minuto de silencio

De todo lo que está pasando lo que más ha despertado mi atención es la negativa de la Fórmula 1 a guardar un minuto de silencio al parecer por el miedo que produce la hipotética reacción de Abu Dabi, lugar donde se celebra la próxima y última carrera del año. Es el miedo en estado puro. Y si se cabrea ese minúsculo país lleno de asesinos qué puede pasar con el mayor de los canallas, Arabia Saudita. El petróleo sigue bajando pero el miedo lo hace con micha más lentitud y USA sabe que al final pone los muertos y que es mejor mirar para otra parte.

Este asunto sólo tiene una vía de solución que es la llegada de un ejército de tierra que arrase la frontera entre Siria e Iraq pero el ejército todos sabemos de donde tiene que venir y los dueños no están por la labor. Hasta tanto, unos cuantos muertos de vez en  cuando y los servicios secretos investigando y encontrando unos cuantos hijos de perra para solaz de Pablo Iglesias y Willy Toledo mientras que el Código Penal sigue en la nevera  y los aludidos  en libertad. Por qué dirán en el Gobierno que debe cumplirse la ley y no añaden que con la excepción del Código Penal.

El otro disparate, también por miedo, es decir que no se trata de una guerra de religión. Qué va, debe ser la guerra de la dos rosas o algo por el estilo. Es una superguerra de religión ; lo que pasa es que se trata de una sola religión contra todas las demás que, por ende, no quieren defenderse.

Hace bastantes años estábamos los miembros de mi tribunal en los preámbulos de una deliberación cuando a propósito de no me acuerdo qué una “miembra” de la Sección, todavía en activo para desgracia de la humanidad aunque destinada en otro sitio, expuso la más  severa doctrina del pensamiento correcto sobre lo maravillosos que eran los islamistas.

Contra mi costumbre estuve callado y no cometí delito alguno de canibalismo pero hete aquí que un compañero, a la sazón ya mayor intervino con contundencia y dejó a aquella idiota para el arrastre, como decimos los taurinos. Era hombre, creo que lo sigue siendo, cordobés y muy culto, y entre sus aficiones contaba con la lectura del Corán para demostrar su perversión. Fueron minutos de tensión pues a lo largo de distintos versículos fue desgranando, literalmente, las doctrinas que se puede úno imaginar sobre el trato a la mujer y las consecuencias de la Guerra Santa. Vaya demostración de progresismo, claro que ella, eso explica todo, había sido muy favorecida por el socialismo en su carrera profesional y ayudada por un gran capitoste del PP judicial. Lo de siempre.

Siempre tendremos París pero desgraciadamente también tenemos más cosas. Lo de Cataluña alucina en cantidad. Resulta que unos tipejos dan un golpe de Estado y en vez de desalojarlos y meterlos en la cárcel, como bien se hizo con Tejero, se ponen a buscar órdenes ministeriales para ver cómo se aplican. Es el colmo de la estupidez.

Me gustaría hablar de otras cosas como, por ejemplo, examinar las posibilidades de que Benítez se coma el turrón pero no tengo el día para cosas tan serias.

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