Mis andanzas con los vikingos y sus señoras

Como muchos de vosotros sabéis hay días en el año, siempre por estas fechas, en que prefiero estar cuanto más lejos mejor. La razón no viene al caso aunque muchos la conozcais.

En esta ocasión he optado por la patria de los vikingos y vikingas como decía el famoso lendakari. Bueno, por aquí estoy dando reflexivos paseos y asistiendo a la primera Feria Mundial del Toro de Estocolmo tal y como me ha encomendado mi líder y jefe José Ramón.

Los resultados son algo decepcionantes. Se crían bien, hasta los 25, pero después sucumben a las tentaciones del hidrato y los airbags y maleteros padecen en demasía. No obstante valen para las corridas de los pueblos y la cantera es extraordinaria. En todo caso a éstos/as les han inoculado el estado del bienestar por vía intravenosa y van por la calle como si estuvieran en un sofá. Amables pero fríos. Contestan a todas las preguntas en perfecto inglés y, encima, sonríen.

La ciudad es muy bonita, llena de canalitos y barquitos pero al cuarto día está uno de todo esto hasta los mismísimos orejones. Con deciros que como no trato a seres humanos hoy he agradecido el asalto de unas señoras ¡¡que eran testigos de Jehová¡¡ tenéis bastante. Luego, tienen sus trucos. Los museos están en magníficos edificios pero por dentro parecen una nuez rebañada, no hay prácticamente nada. El mejor es un barco que rescataron del mar porque al ingeniero que lo diseñó se le cruzaron los cables y el día de la botadura se vino a pique Con eso está todo dicho.

En estas andaba cuando me he acordado del periodista José María García. Qué será de él. Lo conocí brevemente en distintas ocasiones y siempre anunció su vuelta. Espero que la salud le respete pues hace años tuvo algún problemilla. Si sabéis algo me lo decís.

El motivo del recuerdo es su famosa frase del Pablo, Pablito, Pablete dirigida a un prócer con el único objetivo de injuriarle. José María descubrió antes que nadie el negocio de jugar con la lenidad judicial hasta el punto de que causaba pavor en los oyentes. Los indultos, de las prisas por informarlos favorablemente, le llegaban antes que las condenas.

Viene esto a cuento porque si reapareciera y, siguiendo una vieja aspiración (una vez me lo contó ) abandonaría el deporte y se dedicaría a la política. Ya os imagináis quíén sería el nuevo pablito. No lo quiero ni pensar pero en trance de comentar cómo el nuevo líder provoca que un avión se demore en Ginebra para esperarle, y eso que todavía no es nadie, ya estaría entrevistando a una abuelita que a causa del escándalo se perdió el cumple de  su nieta. Vaya dramón.

Bueno, seguiré investigando las acreditadas ganaderías de Copenhague, Hamburgo y Berlín, de las que me han hablado mucho. Concluiré en una cena con mis hijos en la capital teutona que me temo que abone de mi bolsillo y para colmo les agradeceré que me hayan prestado atención. ¿ sabéis lo que os digo? que, aprovechando la coyuntura, que no puede ser mejor, me voy a casar aunque sólo sea para fastidiarlos. Uno es muy racial.

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2 respuestas a Mis andanzas con los vikingos y sus señoras

  1. Hijo mayor dijo:

    Tampoco fue tanto dinero el schnitzel, que cada día eres más ferviente de la virgen del puño.

  2. Antonio dijo:

    Porfa, bloguero guindero, aclárate, que nos tienes en un vilo. Leo en esta entrada que te vas a “casar”; ¿es verdad o un defecto de grafía de tus pensamientos y lo que quieres decir es que te vas a “casa”.

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