La que se nos viene encima

Como en tantas ocasiones , y mucho más desde mi todavía reciente y merecido retiro, me encuentro en los parajes lanzaroteños a la escucha del viento habitual y con una temperatura maravillosa. Como los toros me reclaman, son así, mañana emprenderé mi regreso a la urbe donde las Ventas espera mi acerada y ponderada crítica sobre la siempre decepcionante corrida de la Beneficencia y resto del ciclo isidril.

Hoy, sin embargo, quiero hacer de Rappel en una pequeña reflexión, y adentrarme en los pronósticos del panorama político que ha engendrado una parte de la prensa, si bien algunos de sus protas hayan empezado a dar marcha atrás ( he leído preclaros artículos de Herrera y Testch ).

En primer lugar, los pactos. A pesar de que la persona más nefasta de la historia política reciente de nuestro país, el tal Sánchez, esté loco por su conclusión a cuenta de que le den alguna silla para seguir saliendo en la tele, los pactos son dificilísimos. Se juegan las generales como ya le ha advertido incluso la Susana. A Sanchez no le importa porque si consigue los pactos habrá salvado, momentáneamente, su cabeza.

Después vendrá el cumplimiento de las condiciones pactadas que pueden ir desde la creación de una moneda local hasta la rebeldía frente a las leyes, como ha advertido la Cola, con tal de que las leyes sean injustas, circunstancia que, por cierto, se da en todas las normas según desde donde se miren. La clave está en que la justicia la deciden ellos igual  que sucede con la condición de “ricos” que permite cualquier expolio.

Otra condición puede ser que se excluya a fulanito o se incluya a mengano y, en último caso, que se hagan primrias, secundarias o terciarias. Se acabará pidiendo, como siempre, la salida de la OTAN:

Supongamos que, más o menos, se constituyen las corporaciones y ayuntamientos. Pues bien, desde el día siguiente comenzarán las amenazas y chantajes de las mociones de censura. Los Tamayos empezarán inmediatamente a conspirar y se acabarán celebrando nuevas elecciones. Debe tenerse en cuenta que, salvo las idioteces y los deseos más repugnantes de poder, no hay diferencias entre los partidos si no fuera por la bestialidad y empecinamiento de los sociatas de ahora que no ven más allá de sus narices. Hasta la Espe va a acabar por tener razón. Por cierto, el otro día me la encontré en los toros y crucé algunas palabras, muy pocas, con ella. Si, si, está como parece.

Total, que me voy a seguir disfrutando hasta que el cuerpo aguante y los de siempre no se hayan cargado por completo mis ahorros. A poco que me descuide soy “rico” u otra cosa peor.  Un abrazo en la distancia.

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