Guindas dulces y amargas

Como sabéis, de vez en vez vuelco en la Guinda los sabores y sinsabores de mi vida privada. Se trata de una función de desahogo que estaba ya en los propósitos iniciales de estas reflexiones.

Para empezar, hay guindas tornasoladas por cambiar los tonos dulces y amargos dentro de los mismos sucesos. Por ejemplo, se cumple un día de éstos el quinto aniversario del hecho más luctuoso de mi vida que una gran mayoría de vosotros recordareis, entre otras razones, por la impagable deuda que tengo por vuestro maravilloso esfuerzo para consolarme. A tal amargura, tal dulzor. Dado que por esos días mi hijo pequeño estará, cumpliendo sus obligaciones de estudiar, en Munich, le he sugerido al mayor que nos traslademos allí para en brazos de cervezas y Sekt rendir un homenaje a la memoria de la desaparecida. Dicho y hecho. Con su eficacia acostumbrada la respuesta llegó, estaba en USA, en cinco minutos, en forma de dos billetes, eso sí, imputándome la obligación de ingresar el importe en su cuenta bancaria. Menos mal que, a cambio de un madrugón, eran baratitos.

Por cierto, en una relación que tenía desde hace casi un año y que matizaba mis pesares, he sido abdicado sin demasiados miramientos. Suelo decir que me ha sentado mal por mi avanzada edad pero la verdad es que son excusas de mal pagador. No conozco a nadie que las abdicaciones forzosas le hayan sentado bien desde la época del final de la lactancia.

Ahora dos guindas dulcísimas. Mi grupo de montaña tiene un líder magnífico, un rojo de los de antes, que ha sido víctima de una alarmante enfermedad ya que nadie encontraba la raíz de sus males. Venturosamente parece todo arreglado y mañana recibirá, presumiblemente, el alta médica hospitalaria. Estamos todos locos de contentos y deseando verle otra vez alegrando la vida de las cabras montaraces y siendo objeto de todo tipo de chanzas como es costumbre desde hace treinta y cinco años. El abrazo más emotivo de tu Carrero del alma.

La última Guinda, hoy estoy dulzón, es que mi amigo Eloy ha encontrado trabajo tras un año esperándolo. Chico majo y preparado donde los haya lo está celebrando con su mujer, mi muy amiga, María y sus dos churumbeles de dos y cuatro años que son la niña de mis ojos. La mayor alegría de los últimos tiempo.

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