Un Presidente excitado

Tranquilo Mariano que no va por tí. Ni siquiera va por tu compi francés que me produce tal envidia que estoy por pasearme encorbatado y con casco por la Gran Via para que la gente crea que me dirijo a una cita clandestina, y así fardar un  poco que falta me hace. Vuestras excitaciones, si las tenéis, me traen sin cuidado y en el caso del francés la cosa no tiene mérito porque allí siempre han sido muy aficionados a las cochinadas. Es llegar a la Presidencia y armar la mundial con señoras estupendas. Quizás me presenta a sus próximas elecciones.

Mi caso es diferente y afecta a mi presidente montañero, persona estupenda que nos ha guiado con sabiduría y presteza por centenares de senderos a lo largo de treinta y cinco años. Sin embargo, una trayectoria tan ejemplar se ha visto enturbiada por su conducta el pasado sábado en tierras de Cercedilla. Resulta que habíamos llegado por caminos distintos y al principio de la marcha adiviné su presencia tan sólo unas decenas de metros  más arriba, comandando un números grupo y grupa de paseantes. Presto como buen subordinado aceleré mi paso con objeto de presentarle mis respetos y hacerle la pelota. Inútil propósito pues el jefe decidió hacer una parada nupcial ante su auditorio y alcanzó la velocidad del rayo haciendo olvidar sus ochenta añitos de nada.

Desesperado por mi fracaso y teniéndolo ya a la vista le llamé por el celular y ante mi asombro me contestó que no podía esperarse pues la masa le exigía un ritmo de mayor vivacidad. Cáspita, pensé, cuáles serían las razones de tanto desamor.

Claritos estaban los  motivos de mi desairada postura. Al Presi le acompañaban varias damas de excelente presencia y grandes cualidades para el deporte montañero que siempre quedan extasiadas ante el apabullante dominio de la toponimia que regala con donosura. Por si fuera poco también le acompañaba un Magistrado de lujo de altísimas instancias que mostraba idéntico arrobo por su maestría. Por contra, el grupo perseguidor, bajo mi teórico mando, lo formábamos un selecto numero de jubilatas amortizados y dos magistrados basura también amortizados que, como mucho, decidimos, y más bien poco, en la privatización de hospitales. No hay color pensé con razón. Ya por la tarde nos encontramos y tuve ocasión de expresar mi protesta por el menosprecio recibido. Como es natural recibí un fastuoso corte de mangas y eso que hacía fresquete.

Digo todo esto para mostraros, pequeños saltamontes, cómo la vida está compuesta por gran cantidad de decepciones que sólo los espíritus fuertes, y hasta algo canallas, están preparados para soportar.

La propuesta de regeneración social que me honro en encabezar corre suerte diversa. Tras el éxito con el forajido de Tejas, ahora van los aviones y dicen que acabarán permitiendo el uso del móvil. Total que cuando en los trayectos del AVE advertía signos de mejoría me atacan por el flanco aéreo. Esto es un sinvivir.

Ante una situación tan lamentable he decidido empezar una campaña con un nuevo objetivo. Lo llamaré la seguridad de las micciones. Se trata de que de una puñetera vez se dejen de chorradas y podamos advertir con  nitidez qué servicios son de señoras y cuáles de caballeros. Ya está bien de dibujitos horteras con paraguas, sombrillas o, lo que es peor, alusiones a la entrepierna y todo ello con el riesgo de producir situaciones embarazosas. Con lo fácil que es poner hombres y mujeres o, en más correcto castellano político, miembros y miembras. He dicho.

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