Un olímpico desprecio y las virtudes humanas

Vayamos por partes que diría Jack el Destripador. Pertenezco a una comunidad de ciudadanos, denominada España, a la que me siento profundamente vinculado. Esto es una cosa y otra muy distinta considerar que la vinculación me lleve a cualquier tipo de fanatismo a la que tan dado es el mundo deportivo, lo que llamo el patriotismo de pandereta.

Viene esto a cuento por el fiasco olímpico. Siempre he deseado que los Juegos se fueran para otra parte. La razón es lo mucho que cuestan para los quince días que duran. España es un país próximo a la quiebra que debe cuidar muchísimo donde emplea la pasta pública y el tinglado de los aritos es muy pero que muy carrito. Hoy publica Libertad Digital un artículo al respecto donde se muestran precedentes desafortunados y las graves consecuencias que han tenido para los respectivos países que los cobijaron.

Aquí estamos en manos de una casposa burocracia que constantemente nos dice que los gastos estaban ya hechos y que la cosa nos salía de balde. Eso no tiene nada que ver con la verdad. Madrid es una ciudad quebrada que debe muchísimo dinero gracias a un personaje megalómano que se puso a cavar túneles como un  poseso. Ahora su sucesora y sucesores jamás cuentan lo que debemos y dicen que lo que se gasten es nada comparado con los innumerables beneficios que recibiremos. El truco burocrático de siempre, remitirse a un futuro lejano mientras ellos se lo llevan calentito en cotas de popularidad para permanecer en las poltronas.

Lo verdaderamente extraordinario es que la gente se lo ha creído y sufre enormemente por la decepción. Luego sufrirían por la subida del IBI, que ya está en los cielos, pero la patria es la patria como si, al cabo, la Olimpiada no sea sino una marca de televisor concreto. Pensar que González, la Espe y la Botella llevaban razón en este asunto es completamente absurdo. Acuden a lo de siempre, el turismo y la marca España. Pues no. Madrid es un destino turístico consolidado y la feria no lo va  cambiar en absoluto más aún cuando el guateque se celebra en Agosto cuando Madrid es insufrible. Todo son mandangas y yo me alegro de que entre los dopados y las conspiraciones de los franceses a favor de París – son más de pandereta que los españoles- hayan dado al traste con el despropósito. Lo hago como ciudadano y como español, que tampoco esta pandilla me va a enseñar a serlo.

A otra cosa. Mantengo estos días una discusión con una muy amiga muy mona – las malas lenguas dicen que algo más  que amiga- sobre la naturaleza del ser humano y su eventual condición de ser generoso, circunstancia que ella niega en favor de un cierto radicalismo por la conducta interesada. Cuando semejante discusión estaba a punto de acabar con mi prometedora amistad llega un amigote que me expone su tesis en favor del judaísmo, que supuestamente niega el dogma cristiano de amar al prójimo como a uno mismo para sustituirlo por el de la necesaria evaluación de la conducta del prójimo antes de decidir la dimensión del amor, reflexión que favorece la posibilidad de prosperar en los negocios.

Ambas posturas son sugerentes sin perjuicio de que por mi parte me decida por las tesis del profesor Ruiz Gimenez, que siempre se inclinaban por lo ecléctico, hábil forma de evadir el compromiso. Qué tiempos aquéllos.

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