Sardinas al espeto y la Desunión Europea

Vamos a ver si nos ponemos de acuerdo de una vez. La sardina al espeto ¿debe ser pequeña o grande y necesita poca o mucha sal?.

Ando por tierras malagueñas, en un estado personal eufórico por lo que muchos sabéis ( ha sido publicado en La Guinda ) y anoche mi querido amigo y sin embargo primo Pedro me ha sacado de sardinas en el convencimiento de que me gustan más que a los gatos. Por cierto, he conocido una chica a la que también le gustan. Ella no lo sabe pero, cuando me he enterado de su afición, he decidido proponerle matrimonio. Como me responda afirmativamente todo en nuestra casa, incluídos los pañales, apestará a sardinas. Esperemos que no sea esto una mancha en nuestra segura felicidad.

Volvamos a la realidad. No estoy de acuerdo con las sardinas de la pasada noche. Eran demasiado pequeñas y, como es lógico, estaban devoradas por la sal. A mí me gustan más grandes, tipo Huelva, y si tienen que ser pequeñas, pues que les echen menos sal. En caso contrario las traicionaré y me comeré las cántabras que tampoco están nada mal.

Acabado lo importante aludamos a lo frívolo, la Unión, mejor desunión, Europea. Casi nunca se reflexiona sobre el resultado al que ha conducido el engendro de la burocracia trincona de Bruselas. El euro, su único logro demostrable, suscita similares opiniones a favor y en contra. Pertenece a las reformas que tienen difícil marcha atrás, como le sucede a las de leyes civiles ( matrimonios, adopciones, etc). Fuera de esto, nada de nada. Consejos, directivas, recomendaciones y admoniciones de toda clase…..pero nada. A mí siempre me ha escandalizado que, cuando se dice perseguir “políticas comunes” (expresión tomada de las cavernas de la jerga político-sindical), ni siquiera hayan conseguido una legislación común en materia ¡¡de tráfico¡¡. Las rotondas se rigen por normas diferentes en Francia y en España y así podríamos dar centenares de ejemplos. Tampoco se ponen de acuerdo con los horarios y ahí permanece el obsoleto sistema canario que carece de razón de ser que no sea un obstáculo más para el funcionamiento de esa muy querida Comunidad. En cuanto al IVA, instrumento básico de la política comercial, qué deciros de su absoluto desmadre. El resto de las normas fiscales, muy parecido.

A tal panorama corresponde un elevado nivel de trinque espoleado por un mínimo control. Se trata de una burocracia gigantesca muy bien pagada que no rinde cuentas a nadie. Además existen cuotas por nacionalidades que aumentan el escándalo. El problema llega a los extremos escandalosos de que las ayudas en infraestructuras al tercer mundo, uno de sus pocos logros estimables, se vean cargadas de costeen impresentables. Un pantano es pantano y medio si interviene la Comisión. Y eso sin contar con factores de corrupción que, si bien no parecen afectar en gran medida a los eurócratas, están necesariamente presentes en las poblaciones locales.

La Unión va a constituir un nuevo factor de regeneración cívica de mi particular círculo Jovellanos. Una forma de soñar despierto…………pero prefiero otras.

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Una respuesta a Sardinas al espeto y la Desunión Europea

  1. Máximo Martín Baz dijo:

    Estimado Saban;

    Me precio de ser amigo de nuestro común José Ramón, y hasta nos conocemos… Una tarde de mus en un arrocería por las inmediaciones de Sor Ángela de la Cruz.

    Él me ilustra con estas guindas insubstituibles que saboreo con inmenso placer.

    Hasta ahora he permanecido en un segundo plano, discretamete, digiriendo estos suculentas “entradas” (como las llama J. Ramón), pero en tocando la sardina no puedo por menos que entrar de lleno en defensa de tan suculento manjar. Y siendo agosto en Portugal, mi otro país, y acabando de leer tu blog, tras un bacalhau á popular, podría dedicar el resto de la atarde, desde la Biblioteca de Fafe (Guimarães) a escribir un buen tratado sobre la sardina ibérica y su trascendencia, por ejemplo, en las victorias de los Tercios de Flandes. No en vano, pasé dos de mis veranos estudiantiles, haciendo gambas y sardinas a la plancha en un restaurante griego y otro turco en la ciudad de Bruxelas… Pero sería otro cantar.

    Declaré mi amor a una dama portuguesa, una noche de Santo Antonio, en Bairro de Alfama de Lisboa, con una maceta de mangerico (albahaca) y una buena ración de sardinas, como es tradición e Portugal. Y ella, la dama, hoy es mi mujer todavía, 25 aços después.

    Ni que decir tiene que lo que te ha sucedido en Málaga es de Juzgado de Guardia, pues comer en agosto sardinillas saladas espetadas, es poco menos que un atentado contra la judicatura, por lo que te toca. Las de agosto, por ciclo biológico, son las mejores, las más gordas, y se suelen comer a la brasa, o a la plancha, con unas patatillas cocidas y una buena ensalada de lechuga y cebolla, todo regado con la mejor cerveza o con un buen blanco.

    Ahí va mi receta, un abrazo y felicidades por tu placentero y rico blog.

    Máximo Martín Baz

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