¿La Ley es igual para todos?

Acabo de llegar de la Real Academia Española donde en sesión solemne esta tarde ha tomado posesión de su asiento el profesor Santiago Muñoz Machado, antiguo amigo al que me he referido en varias ocasiones, sustituyendo así al siempre alabado Mingote. Excelente su discurso sobre “Los itinerarios de la libertad de palabra” y excelente la contestación de D. José Manuel Sánchez Ron. Una tarde de domingo que considero sobradamente aprovechada a pesar de la obligada corbata (la mía, preciosa, como es habitual). Por criticar algo, en el guateque del Ritz mucha gente y poco canapé.

Vengo motivado por el canto a la libertad en que han consistido los discursos. La libertad de expresión y el principio de igualdad los han presidido. El uso de la primera ( “las opiniones sólo se combaten con otras opiniones”) y la noción básica de la igualdad me conducen a estas reflexiones.

Jurídicamente la igualdad se analiza siempre desde la doble óptica de “ante” la ley y “en” la ley. La primera es la del legislador a la hora de respetar el principio y la segunda es la aplicación de una norma de igualdad.

Por mi parte, creo que la igualdad ante la ley es siempre discutible. Las leyes están llenas de desigualdades y su única justificación es el célebre aforismo, que permite toda clase de disparates, de que hay que tratar desigualmente las situaciones diferentes. Ahí cabe todo y acabamos considerando que una monarquía es una solución como otra cualquiera. Yo pienso lo contrario: una monarquía es la negación de la igualdad como principio. Hay una familia con privilegios sobre todos y, lo que es más curioso, se justifica con el linaje cuando por esa razón convendría recordar que la reina Federica, abuela de nuestros Principe e infantas, y Alfonso XIII fueron expulsados de sus países por la voluntad democrática de sus ciudadanos.

La igualdad en  la ley alude a la actuación de los órganos competentes para su aplicación, ya sean administrativos o judiciales. Depende de cada caso y sólo puede merecer una consideración global. Si a Blesa lo meten en la cárcel o si imputan a la nieta de Federica -y de ahí se deduce si somos o no iguales-, no dejará de constituir una opinión aventurada en el seno de miles de decisiones diarias. Yo adelanto mi propio parecer. En general hay un más que aceptable respeto a la igualdad y ello a pesar de que también hay conciencia de presiones en sentido contrario. La fiscalía y Gonzalo Moliner no creo que estén teniendo una actuación ejemplar en estos temas.

Por todo ello aprovecho la ocasión para rendir homenaje a Mercedes Alaya y a Pepe Castro. Lo que aguantan es heroico. Qué fácil es decir que Mercedes va despacio sin añadir que el envío de un simple papel de la Junta puede tardar varios meses. A Castro le llegan a decir que él no es nadie para apreciar un delito si interviene la Agencia Tributaria diciendo lo contrario ( ABC dixit en el día de hoy). El colmo.

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