Gallardón y sus indultos

Hoy estoy, llevo así varios días, de bastante mal humor. Eso me pasa por haber transgredido uno de mis principios básicos, que es no tratar a los seres humanos más allá de la intimidad, como decía Aznar que hablaba catalán (¿Os imagináis en plena cena?: -¿Anna me pases la sal? -Sí, Josep Mari. -Moltes gracies.) Luego decimos que si Artur tiene mal carácter, es que le maltratamos.

He visto a pocas personas con tan singular respeto al Derecho como el Ministro Gallardón. Como he manifestado en ocasiones, soy en general favorable a sus reformas, especialmente en las tasas y en la desactivación del Consejo General del Poder Judicial, pero su conducta como Ministro es otra cosa.

La última, el indulto al criminal kamikaze. Para hacerlo altera los términos de una sentencia y miente como un bellaco en todo lo demás. Hace lo que Jesucristo…pero al revés. Mientras que el profeta sanaba a los enfermos, Gallardón ha descubierto que se puede enfermar a los sanos…por su bien. Si la sentencia desvirtuaba que el kamikaze actuara en su delito bajo los efectos de la epilepsia, Gallardón dice que lo indulta por epiléptico. Si la Sentencia actúa en favor de la familia de la víctima, Albertito dice que lo principal es lo mucho que está sufriendo la familia…del verdugo. La opinión es verdaderamente subjetiva porque no es descartable que dentro de la propia familia exista quien lo prefiera ver entre rejas -que para eso le han condenado- antes que conduciendo por las carreteras, con o sin epilepsia. Y además, qué ganas de sufrir con lo poco que ha estado en la celda.

Para colmo de males inventa una similitud con un indulto del PSOE con la diferencia de que en este último caso se habían cumplido des tercios de la pena. Repugnante.

En suma, asistimos al invento de un nuevo recurso con tres características. Es inapelable, está en manos de Gallardón y ¡¡¡no paga tasas¡¡¡ Menudo momio.

Como es lógico suceden algunas casualidades, Dios nos libre de cualquier otro pensamiento, como la de que el abogado de la parte actora sea hermano de Ignacio Astarloa, persona importantísima, y además muy inteligente, de la cúpula del PP. Por supuesto que no ha intervenido en el asunto. Faltaría más.

Para lo único que ha servido este asunto es para que sectores jurídicos muy cualificados, léase Tribunal Supremo, hayan mostrado un relevante cabreo con motivo del informe elaborado para otro supuesto, consistente en una más que llamativa estafa inmobiliaria. Han recordado, en contra las teorías del Consejo sostenidas por Margarita -para molestar al PP como hace siempre- que la finalidad principal de la pena no es la reinserción, sino el legítimo derecho social al castigo, como ya ha dicho el Tribunal Constitucional. Por eso no se entienden esos informes del Consejo, (yo sí los entiendo) que se oponen a la perpetua revisable porque va contra la única, a su juicio, finalidad legítima de la pena, la reinserción. Ay qué risa María Luisa.

Terminaré con una anécdota carcelaria. No recuerdo en qué prisión, hace ya bastantes años, ejercía de Alcaide un buen amigo mío, a quien no quiero molestar para consultárselo porque el sitio es indiferente. Llegada de nuevos “internos”. Un pelota huésped del centro, sabidillo, avisa al Director para que acuda al ceremonial de recepción por si hay jaleo, ya que vienen dos con antecedentes de película de terror, y más sangre en su curriculum que en el de Juan Belmonte. Allí va mi amigo, hombre reposado, en plan garantías de derechos fundamentales y muestra a los nuevos, sin dejar de mirar de reojo a los sacamantecas, todo el catálogo de actividades en prisión para que elijan según sus preferencias. Así lo hacen algunos, por los benefecios que conlleva, hasta que llega al par de pollos, que le devuelven una simple mueca de desprecio. El sabidillo interviene, (a saber donde estará ahora) y dice pomposa y amigablemente: “Desengáñese Don “…”,que a éstos no hay quien los degenere”. La frase se ha quedado entre la peña de amigos y se la aplicamos a todos aquéllos cuya censurable conducta no tiene remedio.

La gracia es que dos verbos antagónicos pueden tener igual sentido dependiendo del contexto. Se regenera lo bueno y no se puede degenerar lo que no puede ser peor.

La pregunta es: ¿Gallardón podría regenerarse o no hay quien lo degenere?

 
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