Me paso al maniquiing

La ciencia, como todo el mundo sabe, avanza por escalones a los que luego se le buscan aplicaciones. Esta semana se ha producido un escalón trascendental para la humanidad que tardaremos año, qué digo años, decenios, en asimilar. Me refiero al maniquiing invento consistente en hacerse acompañar en el vehículo de un maniquí con el propósito de producir un efecto diferente a la realidad. En este caso se trataba de burlar a la Guardia Civil para el uso indebido del bus-vao.

Sin embargo, y para eso está La Guinda, igual que de la penicilina surgieron multitud de antibióticos, del bus-vao hay que pasar a utilidades de mucha mayor envergadura. Por ejemplo, la política. ¿ Se imaginan mis sagaces lectores la que se arma si los Rajoys, Guindos, las sorayitas y el pelao de Gª Legaz se hicieran acompañar de una réplica de la Merkel y si, además, la compusieran en una posición de carantoña en el caso masculino o de confidencia en el femenino? y, en el caso de los socialistas, todos aparentando muy serios una conversación sesuda con el sosias de Felipe. En el primer supuesto, aparte de un  farde total, la prima de riesgo se va a hacer  puñetas que es lo que queremos todos, y en el segundo se acaban las discusiones en las agrupaciones sobre el futuro del conductor del vehículo.

No obstante, una advertencia para los beneficiarios del invento. Igual que con los antibióticos, el maniquiing ha de aplicarse en oportunas diócesis no vaya a ser que un domingo cualquiera aparezcan miles de Merkel o Felipes de copilotos y la policía, que no es tonta, se mosquee.

Mi aportación a la idea consiste en usar el maniquí para tareas más delicadas, dando así un paso más como hubiera dicho mi admirado profesor Ruiz-Giménez. Con antecedentes en “MI querida señorita” o en “Aterriza como puedas” al maniquí se le puede sacar mucho partido introduciéndolo en la sagrada intimidad. Añado jurídicamente, que para eso estoy, que alegando la jurisprudencia sobre los asaltos con armas simuladas, nadie puede encontrar materia penal en una escenilla subida de tono dentro del coche. Vamos, que si planear el asalto al Congreso es casi elogiable, Pedraz dixit, un devaneo con el/la maniquí siempre que este no sea menor de edad y no se haga en plena calle, es una chorrada, fruto como mucho de un jovial desahogo.

Mejor me hubiera ido si me hubiese pasado antes al maniquiing. Así me habría evitado que esta tarde una dama con escasas entrañas me hubiera rechazado una modesta invitación a café. No creo que me lo hubiese hecho mi maniquí aunque he de admitir que no habría tenido tampoco ocasión de escuchar, mejor leer porque se trataba de un w app, un pretexto tan ingenioso. Otro día lo cuento.

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