El perdón y la penitencia

Cuando empezaron a estar de moda los progres, se creían que habían matado a Franco de los disgustos, se puso también de moda echar la culpa de todo a la moral judeocristiana. Así, era culpable de la explotación del obrero, de la opresión a la mujer y si una chica no accedía a nuestros torpes deseos, que de torpes no tenían nada, pues otra vez lo judeocristiano. Por supuesto carecían, o carecíamos, de pajolera idea sobre la moral judía y casi la cristiana pero daba igual.

La cosa parecía que se había acabado, pero no. Reaparece con todo su esplendor en la obsesión por el perdón. Si un político no cumple su programa electoral ( a mí me alegra porque los programas suelen ser aun más disparatados ) pues a pedir perdón. Si un brutal asesino se va a morir y quiere salir lo de menos son los crímenes, tiene que pedir perdón y así hasta el infinito. Como además de tontos son muy anticuados se creen que con lo del perdón ganan votos. Como si los jóvenes pasasen con frecuencia por los confesionarios.

La próxima, a este paso, será la penitencia. Me imagino a los dos grandes partidos en plena discusión : “Bolinaga sale si reza cuatro padrenuestros, tres avemarías y un par de credos en latín”, “no hombre no, sin un par de yopecador en arameo aquí no sale nadie. En caso contrario se me revuelven las tripas”. Si se lo contaran a Merkel no se lo creería. Lo peor no es el déficit, ni la deuda ni leches.

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