El verano y la salud

No sé que le pasa al verano pero está demostrado, por lo menos para mí, que perjudica la salud. No son ya los calores sino que entre que la gente se menea mucho y que no existe la bendita seguridad de las oficinas, donde el único riesgo a evitar es un expediente, no hay más que disgustos.

El último me lo ha dado antes de ayer mi amigo Tato. Supongo que lo ha hecho para fastidiar, él es así, pero ha aceptado que le diera un torozón cardíaco de bastante entidad. Como soy masoquista me alegro mucho de que lo haya superado y como soy más masoquista todavía me alegro aún más de que la cosa tenga ahora buen aspecto porque menudo sofocón nos ha dado. Ojalá nos vuelva pronto a dar el coñazo y nos endose el torozón a los demás.

Para empezar mi agradecimiento a los cardiólogos de guardia del Puerta de Hierro de Madrid y a todos los cardiólogos anónimos de los hospitales de España. Estos sí que son héroes y no los ideólogos de los supermercados. Gracias mil.

En cuanto a Tato hoy me coge con suerte. Entre mi bondad natural y el sentimiento estoy de lo más comprensivo y tolerante. Ahora bien ¡¡¡como le vuelva a ver con un pitillo entre los dedos se los corto, y no me refiero a los dedos¡¡¡ Es mi contribución personal a su terapia.

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